Casco Antiguo de Benissa
Historia morisca, piedra con memoria y un paseo entre callejones.
El centro histórico de Benissa no está junto al mar y quizá por eso sigue teniendo algo intacto. Menos ruido, más calma, y mucha historia en cada rincón.
Este núcleo nació como asentamiento musulmán. Lo habitaban los Banu-Isa, un clan agrícola que marcó lo que hoy son las calles de Mossèn Gaspar Tello, Puríssima y Santa Anna. En el siglo XIII, llegó Jaume I con la Corona de Aragón, y la historia cambió de manos… aunque muchas huellas siguen ahí.
Para empezar, puedes acercarte a la Iglesia de la Puríssima Xiqueta, conocida como La Catedral de la Marina. Es enorme, imponente, y su silueta neogótica destaca entre tejados bajos. Empezó a levantarse a principios del siglo XX y sus casi 35 metros de altura no pasan desapercibidos.
Desde allí, sigue por la Calle la Puríssima hasta encontrar la Sala del Consell, del siglo XVI. Fue lonja de contratación, sala de reuniones, almacén de cereales… Lo que hiciera falta. Hoy es un vestigio vivo de la organización de otro tiempo.
En el camino, te toparás con una figura especial: el Riberer. Es un homenaje a los hombres de Benissa que caminaban hasta los campos de arroz en la Ribera valenciana para ganarse el pan. Historia local, dura y real, convertida en escultura.
Para rematar, detente frente a dos casas que no están de adorno:
- La Casa del Batlle, ahora Biblioteca Municipal Bernat Capó y sede artística ligada al legado de Salvador Soria.
- Y la Casa Abargues, en la calle Desamparats, señorial y resistente, con una fachada que no necesita palabras.