Torre Cap d'Or
Una torre al filo del acantilado. No tenía puerta, solo vigilancia, roca y horizonte.
En lo alto del Cap d’Or, al borde del acantilado y con el mar a sus pies, se alza esta torre de piedra. Fue construida en el siglo XVI para vigilar el mar y anticiparse a los ataques piratas. Y si te fijas bien, su diseño lo dice todo: sin puerta, sin acceso fácil, solo cuerda desde dentro para subir. Aquí no entraba cualquiera.
Tiene 11 metros de altura y un aire austero, funcional. No está pensada para gustar, sino para resistir. Pero desde fuera, con la luz del atardecer o el sonido del viento, tiene una belleza especial.
El camino hasta aquí forma parte del encanto. Subes por un sendero con vistas, llegas al mirador, y de repente entiendes por qué la pusieron justo aquí. Es uno de esos lugares que no se explican, hay que estar.