Casco Antiguo de Moraira
Blanco, pesquero y mediterráneo, para caminar, parar y entender cómo empezó todo.
Moraira tiene alma marinera y el Casco Antiguo es el corazón que la mantiene latiendo. Todo lo que ves, las casas bajas, las calles en piedra, las fachadas encaladas que se superponen junto al mar, tiene una razón de ser: aquí vivían los pescadores, a pocos pasos del puerto donde faenaban.
Este no es un casco antiguo monumental ni barroco. Es sencillo, compacto, real. Las casas están bien cuidadas, pero sin pretensiones. Las tiendas no son escaparates de postal, pero tienen ropa, cerámica o detalles que no ves en otros sitios. Y si te das una vuelta con calma, seguro que terminas sentado en una terraza, helado en mano, mirando cómo pasa la vida.
Entre sus calles encontrarás algunas paradas que valen la pena:
- La pequeña iglesia del pueblo, discreta pero con historia.
- La Plaza de la Sort, que te lleva directo al Castillo del siglo XVIII, desde donde las vistas al Peñón de Ifach y a la Playa de la Ampolla son simplemente perfectas.
Y si bajas hacia el mar, no te pierdas la Lonja: ahí todavía se vende pescado fresco cada día, y pasear por el puerto mientras los barcos descansan tiene un encanto difícil de explicar.