Las Salinas
Un espejo de agua junto al mar, con flamencos, sal y un paseo tranquilo para disfrutar del paisaje.
Muy cerca del centro y al pie del Peñón, Las Salinas mantienen un poco de naturaleza viva en mitad del asfalto. Antes fueron salinas romanas para extraer sal, luego quedaron olvidadas, y hoy son un espacio protegido donde conviven aves, agua salada y paseantes que quieren desconectar un rato.
Es fácil llegar, fácil recorrer y fácil quedarse un rato. Hay un sendero que las rodea, ni largo ni corto, perfecto para pasear. Solo tú, el agua, y si tienes suerte, unos cuantos flamencos con su paso tranquilo y su rosa distintivo.
Dicen que hay registradas más de 170 especies de aves. No hace falta que te las sepas todas, basta con que mires y te dejes sorprender. Los flamencos son los más vistosos, pero no los únicos. Hay cigüeñuelas, cormoranes, garzas... y si te fijas bien, también hay vida en el agua salada, las plantas que resisten todo y las aves que van y vienen libres.
Al norte tienes un pequeño tramo de bosque mediterráneo y un mirador para observar las aves. No hay excesos y no hace falta que los haya. Las Salinas tienen encanto así, por lo que son.
Eso sí, si vas en verano, evita las últimas horas del día. Entre los mosquitos y el calor, se agradece más un paseo temprano o al atardecer. Y si llevas prismáticos, mejor. No por ver más, sino por ver mejor.